Pues sí. Me lo dicen y me lo repiten: claro, tú pudiste dejar a tu niña en casa, yo tuve que llevarla a la guarde.

Claro, es que tú que suerte tienes que puedes compaginar.

Claro, es que tú…

Y sí, estoy totalmente de acuerdo.

Qué suerte tuve que tomé…

las riendas de mi vida, me informé, tomé decisiones, me arriesgué, realicé muchas cesiones, me comprometí, renuncié (realmente me sobra esta palabra) a muchas cosas para dar prioridad absoluta y de la de verdad  a la crianza de mi hija.

 

Cuando oigo “Qué suerte has tenido!” pienso, sí, qué suerte que decisiones como replantearme el ámbito laboral, poniendo en segundo lugar el tener unas condiciones mejores y más despreocupadas. Minimizando lo que realmente es necesario para vivir y teniendo claro qué es necesidad y qué es consumo. Qué suerte que pude discernir. Como tantas madres!

 

Cuando oigo “Qué suerte has tenido!!!!” pienso sí, tuve suerte de elegir bien cuando decidí que se acababan los viajes de días y semanas para dar mis formaciones y realizar procesos de coaching, o para formarme, o para crear sinergias. Una brillante carrera iniciada ya en países como Argentina, Uruguay, Brasil o Portugal, y un montón de eventos y contactos que decidí que ya no deseaba continuar si era a costa de mi maternidad y el bienestar de mi pequeña. Como tantas madres!

Cuando oigo “Qué suerte has tenido!” pienso sí, qué suerte haber decidido emprender, creando mi propio negocio, mi propio puesto de trabajo, aunque era muy cómodo realmente estar profesionalmente a disposición  de otros se encargaban de todas las complejidades que sacar adelante una empresa suponen, y simplemente intercambiar mi trabajo por dinero. Y reconvirtiéndolo para que se adaptase mejor aún a nuestras necesidades como familia. Como tantas madres.

 

Cuando oigo “Qué suerte has tenido!” pienso sí, qué bueno que puedo comer con mi hija la mayor parte de los días, y jugar la mayor parte de las tardes, y cenar con ella, dormirla, bañarla, cuidarla y estar al tanto de cada pequeño gran detalle… Y luego, qué suerte que dedico varias horas a continuar el trabajo antes de acostarme cada día para compensar, aunque eso me suponga no dormir más de 6 o 7 horas al día, como mucho.

Qué suerte es encontrar en lo sencillo, en lo cotidiano, todo lo que necesitamos, sin privarnos de nada realmente importante. Qué suerte es poder construir la realidad un poco más parecida a lo que una desea sin sentirse atado a … ¿a qué?

Sí, qué suerte.

Sin duda queda muchísimo camino por andar en la sociedad, la política o la economía. Podemos seguir esperando a que eso cambie y nos ofrezca facilidades al respecto. Desde luego no debemos abandonar esa lucha.  Pero esto, al fin y al cabo, es una maquinaria en la que cada pieza es la que hace funcionar a las otras. Y hay una pieza fundamental que depende de ti por encima de todas los demás:

la de las decisiones que tomas.